ANSELMO SULE, UN CHILENO EJEMPLAR.
Miguel León Prado O*
Los radicales no somos dados al recuerdo público de nuestros líderes. Más bien siempre les procuramos un discreto perfil, pero es el momento de reconocer su legado y su ejemplo político.
Anselmo Sule Candia es uno de los más notables líderes del Partido. Su figura trasciende el ámbito partidario y se proyecta con superior validez en la vida internacional. Cuando la ignominia dictatorial le quitó vanamente su nacionalidad, no puede olvidarse el gesto solidario y generoso del pueblo y gobierno de Uruguay al otorgarle la suya, en virtud de su coraje libertario y democrático, su talento e hidalguía política, en la lucha por el rescate de la justicia y la libertad en los países del Cono Sur, sometidos a cruentas y despiadadas dictaduras a fines del siglo pasado.
Su figura, siempre modesta y sencilla, se enaltece como un sobresaliente conductor en la recuperación del estado de derecho ferozmente violentado por la irrupción de un militarismo abyecto en la región. Venezuela, México, Uruguay, Argentina, Centro-América, el Caribe y Europa fueron ejemplos de su acción solidaria.
Chile y América Latina ya reconocen el esfuerzo, la preocupación y valentía de Anselmo Sule, en una lucha larga por superar aquellos momentos difíciles y duros para nuestros pueblos. Desde muy joven, casi niño todavía, como militante del Partido Radical, como abogado y Senador de la República, como miembro distinguido de la Masonería, demostró cosas importantes para hacer política verdadera: talento político, bondad y solidaridad humana, lo que selló para siempre su vida estelar. Nunca le perturbaron el halago, la adulación ni los intereses poderosos de grupos reinantes.
Se podría decir que Anselmo Sule, uno de los últimos y grandes líderes del siglo XX que dirigió a nuestro Partido, glorioso en tradiciones y aportes a Chile, supo rescatar los valores de los padres fundadores. Con el timón firme, jamás se apartó de los nobles postulados y principios filosóficos que nos dieron origen en 1859. Nunca olvidó que el radicalismo chileno surgió en la Segunda República con Matta y los Gallo en la batalla de Los Loros, luchando contra el autoritarismo de Montt, para hacer de Chile una sociedad más justa y libertaria. Esos principios, Anselmo Sule los tuvo siempre presentes en su fervorosa y sacrificada vida política al servicio de Chile.
Cabe este recuerdo en este natalicio, cuando el insigne luchador social que fue Anselmo Sule estimuló e impulsó -junto a Alcides Leal, Orlando Cantuarias, Aníbal Palma, Alberto Baltra, Hugo Miranda, Luis Bossay Humberto Enríquez, Exequiel González Madariaga, Carlos Morales, Patricio Valdés y muchos otros- la conformación de una tendencia interna destinada a rescatar los valores del Partido, desperfilados por su participación en el gobierno conservador de Jorge Alessandri. Las condiciones políticas, viejas y desiguales, se fueron agudizando gradualmente para que ello ocurriera. Primero fue la Juventud la que conformó el eje de ese movimiento de rescate interno y de modernización ideológica, con un carácter ciertamente revolucionario, frente a otro de tipo conservador que prevalecía en gastados sectores en la militancia.
Aquello fue un terremoto político al interior del radicalismo, removiendo viejas estructuras y dando una nueva visión a la lucha por la defensa del país, su plena independencia y soberanía, como correspondía en la década de los años setenta del siglo XX. Así nació la Juventud Radical Revolucionaria, para luchar por Chile, entre el edificio del antiguo Congreso Nacional y las oficinas de Anselmo, en calle Ahumada 370 con Compañía.
Todo culminó, con orgullo y validez patria, en el llamamiento a integrar un verdadero movimiento de audaz transformación del Partido Radical que en la Convención de la época alzó al profesor Alberto Baltra Cortés como el abanderado presidencial.
Sule fue pieza vital en ese movimiento liberador que, al reconocerlo, hoy llena de orgullo al Partido y a los sectores más avanzados del pensamiento político chileno. Es parte de nuestra historia ejemplar no siempre bien comprendida y divulgada.
Hay que estudiar y analizar la historia política y parlamentaria del Partido Radical para entender su inestimable aporte a nuestro país. Miles de proyectos en casi siglo y medio, enaltecen el agudo acervo político de sus dirigentes. El radicalismo tiene un inmenso legado histórico que exhibir a Chile y mostrar a las nuevas generaciones su fervor patrio, su defensa de las riquezas y bienes nacionales, su espíritu laico en resguardo de todas las creencias y, sobre todo, su inquebrantable sentimiento de servicio público y lealtad a nuestros conciudadanos más abandonados y desprotegidos.
Hoy muchos quisieran hacer desaparecer esa historia de aportes inequívocos del Partido Radical a la vida nacional. El radicalismo, es fuente generosa de valores solidarios, de defensa de los más débiles y oprimidos, de justicia social e igualdad, el radicalismo, con sus principios y doctrinas enaltecedores, es la respuesta más genuina para el futuro político de Chile, sin entregas ni atropellos.
Decimos que la fecha es propicia para recordar a un chileno ejemplar y a un radical de excepción, a un hombre que luchó sin tregua por el destino libertario de Chile y por la defensa de los más débiles, de aquellos excluidos que tanto pueblan todavía el territorio nacional.
Alejandro, Claudio, Tatania, Fresia, su familia, los amigos que disfrutamos de esa bondad y talento de Anselmo, lo recordamos hoy con particular orgullo por haber tenido la suerte de disfrutar de su trato generoso, de su lealtad y de su fervor patrio y libertario. La Fundación Anselmo Sule tiene un desafío concreto: preparar para el 2012, aniversario de su desaparición física, un gran homenaje como una hermosa tarea de justicia y reconocimiento a su vida ejemplar. La juventud chilena tiene en él a un luchador inclaudicable por la justicia social en una hora política de tanto atraso y engaño.
Chile también tiene una deuda con este chileno que, sin odios y mucho amor, supo luchar con inmenso sacrificio, exilios y coraje por tener la Patria que se nos había arrebatado.
Los pueblos se engrandecen cuando recuerdan y exaltan a sus valores más genuinos. Es la hora de hacerlo también con grandeza.
Caracas, Enero 27 de 2011
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* Abogado, Profesor Universitario. Universidad Central de Venezuela